«Los contextos de las palabras van almacenando la historia de todas las épocas, y sus significados impregnan nuestro pensamiento y se interiorizan. Y así las palabras consiguen perpetuarse, sumando lentamente las connotaciones de cuantas culturas las hayan utilizado» (Alex Grijelmo: La seducción de las palabras)

«Las sociedades humanas, como los linajes animales y vegetales, tienen su historia;
su pasado pesa sobre su presente y condiciona su futuro» (Pierre P. Grassé: El hombre, ese dios en miniatura)

24 ago. 2012

De la Edad del Cobre y el Bronce (2ª parte de Tesoros y Duendes)




«Luego Gea, acostada con Urano, dio a luz además a los Cíclopes de soberbio espíritu, a Brontes, a Estéropes y al violento Arges, que regalaron a Zeus el trueno y le fabricaron el rayo. Éstos, aunque en lo demás eran semejantes a los dioses, Cíclopes era su nombre por eponimia [de 'kyklos', redondo, y 'ops', vista] ya que, efectivamente, un solo ojo completamente redondo había en su frente. El vigor, la fuerza y los recursos presidían sus actos» (Hesíodo: Teogonía)

Finalizábamos la primera parte de esta entrega, dedicada al origen de la minería (De Tesoros y Duendes), con la división de la historia humana en edades o eras, indicando que la metalurgia es el hito que marca un antes y un después en la historia de las sociedades humanas; y dando a entender que la simple posesión de una herramienta concreta, siempre cortante y contundente, bastó para cambiar las características de la sociedad humana al completo:
Cobre, bronce y hierro fueron introducidos en las culturas agrícolas, apoyadas en la escritura, de los valles fluviales del Éufrates y Tigris por sucesivas oleadas invasoras ágrafas procedentes de las lejanas y ásperas montañas (que es donde suelen ubicarse las minas: compensaciones de la Naturaleza), y que impusieron su dominio y sus dioses a caballo del nuevo metal: como se puede deducir de la cita de apertura, los Cíclopes, o sea los metalúrgicos del hierro, lo que realmente hicieron fue crear el trueno y el rayo como herramienta de poder para uso y disfrute de Zeus, es decir, del gobernante, del rey.

No por nada ya hace unos 2.700 años el griego Hesíodo, un sufrido y culto agricultor testigo de estas convulsiones "tecnológicas", especulase sabiamente con que «los dioses y los hombres mortales tuvieron un mismo origen», inmediatamente antes de informarnos de que la estirpe humana iba degenerando cuanto mejor armada estaba (y no a la recíproca), una observación que sigue vigente:

     «Al principio, en tiempos de Cronos, los Inmortales que habitan mansiones olímpicas, crearon una dorada estirpe de hombres mortales que vivían sin fatiga ni miseria, y no se cernía sobre ellos la vejez despreciable; morían como sumidos en un sueño y el campo fértil producía espontáneamente abundantes y excelentes frutos…
     En su lugar una segunda estirpe mucho peor, de plata, crearon después los que habitan las mansiones olímpicas, no comparable a la de oro ni en aspecto ni en inteligencia…
     Otra tercera estirpe de hombres de voz articulada creó Zeus padre, de bronce, en nada semejante a la de plata, nacida de los fresnos, terrible y vigorosa; no comían pan y en cambio tenían un aguerrido corazón de metal [no eran agricultores, sólo guerreros].
     Todavía creó Zeus Crónida sobre el suelo fecundo otra cuarta estirpe más justa y virtuosa, la de los héroes o semidioses, raza que nos precedió sobre la tierra sin límites…

     Y luego, ya no hubiera querido estar yo entre los hombres de la quinta generación sino haber muerto antes o haber nacido después; pues ahora existe una estirpe de hierro. Nunca durante el día se verán libres de fatigas y miserias ni dejarán de consumirse durante la noche… La justicia estará en la fuerza de las manos y no existirá el pudor; el malvado tratará de perjudicar al virtuoso con retorcidos discursos y además se valdrá del juramento….» (Hesíodo: Trabajos y Días)

(Sobre estas líneas, La persistencia de la memoria, de Dalí; en la portada, El Fuego, de Arcimboldo)


Y en la Edad de Hierro seguimos. Es seguro que estas reflexiones de Hesíodo, basadas en que el pobre filósofo no sabía de dónde salían tales mortíferas oleadas invasoras, inspirasen las demás gradaciones técnicas de la Historia:

«Ya en una fecha tan temprana como 1836, arqueólogos daneses habían dividido la antigüedad humana en las ahora tan conocidas Edades de Piedra, de Bronce y de Hierro. Después, tras la sensación que creó El origen de las especies (1859), sir John Lubbock publicó su enormemente popular Prehistoric Times (1865), en el que subdividía la Edad de Piedra en dos partes y acuñaba los términos Paleolítico (piedra antigua) y Neolítico (piedra nueva). El primero había sido un período de piedra tallada [más bien fracturada, imagen izquierda] y de caza y recolección como formas de vida. El Neolítico, por contraste, vio la introducción de las hachas y puñales de piedra pulimentada (imagen derecha) y los comienzos de la agricultura. Algo más tarde, Gordon Childe (1892-1957) describió el cambio del Paleolítico al Neolítico como la "Revolución Neolítica", inaugurando una línea de pensamiento arqueológico acerca de la naturaleza del proceso del llegar a ser humano». (David Lewis-Williams: La mente en la caverna).


«Nunca derraméis sangre en el templo. El líquido que se debe llevar a los dioses es el agua de mar, porque en el mar comenzó la existencia de todo lo vivo y lo inerte. También portad oro, por algo es el metal más hermoso y el patrón de medida del valor de todas las cosas» (Pitágoras: Discurso sagrado)



(Nuestra imagen actual, de David Alfaro Siqueiros)




CONTENIDO:

1 Batiendo el Cobre (de la alfarería a la medicina de la mano del cobre)
2 El As de Espadas (o la Revolución Metalúrgica)
3 Progreso y Ostentación (los ricos siempre han sido caprichosos)
4 Progreso y Violencia (nunca hubo riqueza inocente)








1 Batiendo el Cobre
«Los metalúrgicos del cobre son los responsables, en una trayectoria cultural que se remonta hasta el VIII milenio a. C., de haber dado con la técnica del martilleado en frío del mineral, a la que siguió el moldeado por frotación y, finalmente, la fundición. Por fortuna, los óxidos o sulfuros de cobre contienen impurezas que permitieron ensayar los resultados de las aleaciones. La demostración definitiva fue el cobre con estaño» (María Cruz Fernández: La Edad de los Metales)

Dicen los técnicos que la Edad de los Metales comenzó cuando los alfareros se convirtieron en metalúrgicos del cobre, esto es, cuando los mineros dejaron de trabajar los minerales de cobre como una piedra más ―las primeras trincheras abiertas en busca de piedras adecuadas fueron abiertas por neandertales y cromañones hace 80.000 años―, de la que extraían el metal batiéndolo a martillazos (por lo que se considera esta fase como la última de la Edad de Piedra).

(Izquierda, Fierydance, de Vladimir Kush)

Sin embargo, la consecución de vasijas de barro por el procedimiento de cochura es un menester relativamente sencillo en comparación con la enorme dificultad de hacer de la misma materia prima geológica piezas de unas características totalmente diversas (debajo izquierda, horno doméstico ibérico, tomado de Arqueología del trabajo, de Teresa Chapa y Victorino Mayoral). Por lo tanto, así como la aparición de la cerámica se realiza de forma simultánea en todo el mundo, la cantidad de los condicionantes y requisitos implicados en la metalurgia (tanto técnicos como materiales) fuerza a que su aparición esté ligada a aquellas zonas con recursos mineralógicos adecuados.
Es por estos condicionamientos geológicos por lo que anteriormente al VI milenio sólo se han encontrado artefactos de cobre en el sur de Turquía y norte de Irak, trabajados en frío o calentados ligeramente para conseguir algo de ductilidad.

El primer mineral  que se fundió fue la malaquita, (del griego 'maláche', malva) un carbonato de cobre de color verde que se encuentra bastante extendido por Oriente Medio, y se usaba como pigmento y cosmético. La malaquita puede ser reducida a cobre con mucha facilidad cuando es acercada a un fuego potente; debido a esto, pudiera haberse obtenido cobre por primera vez de manera fortuita (de hecho cobre, 'kypros', significaba originariamente "piedra de Kypros", es decir, "piedra de Chipre").
En la cueva de Shanidar (montes Zagros, Irak) se han hallado colgantes hechos con cuentas de cobre en niveles correspondientes al 9500, o sea, del Neolítico inicial.
Y si bien se comenzó introduciendo los pedruscos coloreados en los hornos que hasta ahora habían servido para cocer los cacharros de barro (paso que se dio hacia el VI milenio) poco a poco dichos hornos tuvieron que ir remodelándose para este uso específico, pues el cobre necesita para fundirse una temperatura de 1080ºC, bastante superior a la de la arcilla para endurecerse (800ºC).

Pero las primeras evidencias claras de fundición (señaladas por la presencia de escorias de cobre) se han hallado en Çatalhöyük, en Anatolia, y corresponden a un momento cercano al 6000. A lo largo del VI milenio aparecen más pruebas metalúrgicas por todo el sur de Anatolia, Irak y los Zagros iraníes, de lo cual se ha deducido que el sur de Anatolia y el Kurdistán (zonas ricas en minerales de cobre) pudieron ser las áreas nucleares donde se consiguió su fundición por primera vez.
Las afiladas formas del cobre hicieron las delicias de todos los guerreros de hace cinco o seis mil años y supusieron una verdadera revolución en todos los aspectos de la vida. Empezó así el Calcolítico o Edad del Cobre, primera fase de la Edad de los Metales en la que aún estamos inmersos.

Un milenio después, y por "contagio", en Egipto y en los Balcanes se encuentran artefactos de cobre nativo, no fundido, sino extraído de la veta y moldeado mediante martilleo. Pero es otro milenio más tarde aún, durante el IV milenio, cuando se produjo el auge de la metalurgia calcolítica balcánica, en un proceso de características autóctonas que terminó por expandirse a la Grecia continental y, posteriormente, a buena parte del resto de Europa, gracias a las redes de intercambio (de objetos e ideas) existentes desde el Neolítico.
En el sur de la Península Ibérica se han detectado también procesos metalúrgicos de origen autóctono durante el III milenio, relacionados con las culturas arqueológicas de Los Millares y Vila Nova de Sao Pedro.


La palabra calcolítico deriva del griego 'kalkos', cobre, y 'lithos', piedra; el Calcolítico vendría a ser algo así como Era de la Piedra de cobre. También se denomina a esta época Era de la Piedra metálica, o Eneolítico, o más técnicamente Aeneolítico, donde el latín 'eaneas', metálico, un derivado éste de 'aes', metal, sustituye a kalkos; tal indefinición reside en que los romanos llamaban así, aes, a cualquier metal que no fuese oro o plata.

La azul azurita (del árabe 'azur', azul) y la verde malaquita eran unas piedras medio mágicas que servían para todo, y su apreciado colorido marca la transición entre la Edad de Piedra y la Edad de los Metales propiamente dicha, es decir, del Bronce y del Hierro. La medicina actual avisa contra el defecto o el exceso de cobre en el organismo humano, dosificando su cantidad máxima diaria en 2 miligramos, una cantidad tan pequeña que es poco probable que una dieta no la contenga. Así pues, hoy leemos con admiración y espanto acerca del uso que de este metal se hacía en tiempos pasados (imagen derecha, médico practicando una sangría en un vaso ático).
La Materia médica de Dioscórides pasa por ser el tratado de medicina más traducido y editado de la historia (pero no sólo este libro, pues también Celso o Plinio inciden sobre el tema). Cirujano de la armada romana con Claudio y Nerón, nadie duda de que Dioscórides tuvo un amplio campo donde aprender y experimentar. Aquí extraemos alguna receta extraída de su libro:

«El cardenillo raído se prepara así: … en el orujo no reciente, que está agrio, oculta un trozo o una lámina de cobre o muchas, y ráelas. Es posible hacerlo también de las limaduras de cobre o de sus láminas, entre las que suelen batirse los panes de oro, si se les rocía con vinagre y se les remueve tres o cuatro veces al día, hasta que se cubran perfectamente de cardenillo [pátina venenosa de color verdoso o azulado que se forma sobre superficies de cobre o de alguna de sus aleaciones, como bronce o latón]
Se hace muy eficaz y de buen color si le pones una parte de vinagre y dos partes de orina de niño y, en lo demás, como queda dicho…
Toda clase de cardenillo tiene la virtud de apretar, calentar, limpiar y adelgazar las cicatrices de los ojos, provocar las lágrimas, atajar las llagas corruptivas, preservar las heridas sin inflamación…
De la flor de cobre, a la que algunos llamaron "raedura de clavos viejos", es excelente la desmenuzable y muy roja al molerla…
Administrada la cantidad de cuatro óbolos, purga los humores gruesos. Deshace los sarcomas del interior de la nariz y en el ano. Con vino suprime los exantemas. La flor blanca, majada, se sopla con un canuto contra la sordera crónica. Majada y aplicada con miel, reprime la hinchazón de la campanilla y las anginas» (Dioscórides: De materia medica)




2 Del As de Espadas 


«Dile a Pushu-ken:

Te he escrito esta carta al día siguiente de la llagada de la llegada de Ili-malik. Ili-malik ha traído tu plata.
A propósito del estaño del cual me has escrito, no hay estaño, ni siquiera a 13 siclos de estaño por uno de plata en venta libre. Unos 10 o 20 asnos han sido comprados en el cercado. Cuando lleguen, compraremos el estaño y te lo enviaremos con la primera caravana.
En cuanto a la plata de mi transporte, como falta el estaño, no lo he comprado. Cuando haya lo compraré y te lo expediré con el tuyo…
Así habla Puzur-Ashur»
(Cécile Michel: Correspondance des marchands de Kanish au début du IIe millénaire avant J.-C., citado por Federico Lara Peinado: Textos para la historia del Próximo Oriente Antiguo)

Si los romanos llamaron al cobre "piedra de Chipre", al bronce le darían el nombre de la ciudad de Brindisi, 'æs Brundusi', metal de Brindisi, sede de unas fundiciones que producían los más afamados espejos del Imperio (fue el único tipo de espejo, además del de plata, hasta el s.XIII).
También se localizaba en Brindisi una de las cecas más atareadas de Roma a partir del año 195. No por casualidad era el puerto más cercano a Grecia en particular y al Oriente en general, lugar donde terminaba la Vía Apia, procedente de Roma (imagen derecha), y donde embarcaban y desembarcaban los pasajeros y mercancías (entre ellas el cobre y el estaño, naturalmente) desde la localidad griega de Patras, cercana a Corinto y relativamente próxima a Atenas.


(Sobre estas líneas, centrado, mapa vía satélite del Mediterráneo cuna del bronce: al oeste Brindisi, al este Chipre y al norte la isla de Lemnos, lugar donde fue a aterrizar de una patada en el culo el dios herrero Hefestos/Vulcano en su caída desde el Olimpo.
A la izquierda, «dibujo a partir de un vaso ático de finales del s. -V; arriba a la izquierda vemos un horno, a la derecha se aprecia el acoplamiento de las piezas de una estatua, y abajo el pulimentado de la estatua ya acabada» (Helmuth Schneider: Introducción a la técnica en el mundo antiguo)


La introducción del estaño en el proceso del cobre surgiría de forma casual, a partir de algunos minerales que contienen cobre y estaño de forma natural, como la estannina. Aunque también pudo deberse a la introducción, también no intencionada, de trozos de casiterita (los griegos denominaban 'kassiteros' al estaño y Casitérides a las lejanas islas, seguramente británicas, de donde lo obtenían).
La casiterita es el principal mineral de estaño, y pudo ser introducida entre el combustible del horno a causa de su color y textura: 'stagnum' significa pantano, tierra pantanosa, por lo que estancamiento y estanque son también derivados suyos.

Todo ello dio paso a una situación que se suele omitir caballerosamente a la hora de elogiar y nunca acabar el progreso técnico y cultural: el metal podía ser atesorado, monopolizado y guardado celosamente por unos pocos, naturalmente, por los más fuertes. Nacían así las primeras civilizaciones y los primeros imperios:
Erario tiene una larga historia, la misma que la de los metales, pues 'aerarium' deriva de 'as', "unidad monetaria fundamental de los romanos", que a su vez deriva de 'æs, æris', metal, pero más específicamente cobre o bronce; por ello se utilizan las siglas AE para referirse a  cualquier moneda que contenga una alta proporción de cobre.
Más específicamente significa dinero, puesto que 'metallum', nuestro metal, era el nombre reservado por los latinos para la mina en bruto, por derivar de 'meta', más allá, en el sentido de eso "que está más abajo" (todo este proceso hemos intentado desembrollarlo en nuestra Historia del dinero).
Igualmente Era, "época larga", también deriva de 'as'. Y es que, lo de que el tiempo es oro no es precisamente un descubrimiento del capitalismo:

«Con el bronce se construyeron los primeros cofres de seguridad para guardar oro y metales preciosos, que se llamaron aerarium, nombre que muy pronto Cicerón dio al Tesoro público, aunque también existían el 'privatum aerarium Caesaris', "Tesoro privado del César", y el 'aerarium Saturni', un templo de Saturno donde se guardaban los textos grabados en bronce de algunas leyes, así como condecoraciones y medallas.
En el latín medieval, de 'aes, aeris' se derivó aeramen, que se aplicaba a todos los objetos de bronce y que dio lugar en español, a comienzos del siglo XIII, a aramne, que más tarde evolucionó a arambre y alambre.
En el español actual, erario es equivalente al Tesoro del Estado. Es pleonasmo, por tanto, hablar de "erario público"» (Ricardo Soca: La fascinante historia de las palabras)

(Sobre estas líneas, as de bronce acuñado en Zaragoza; derecha, placa de cerámica ática de fines del s. -V con una escena de extracción minera, tomado de Así vivían en la antigua Grecia, de Raquel López Melero)
No fue nada fácil la introducción de la metalurgia. La experimentación con los metales más accesibles, oro, plata y cobre, se tomó un par de milenios en el caso del cobre, con la intención de lograr un material que además de duro fuera fácil de fundir y de trabajar. Y antes de llegar a la invención del bronce mediante la adición de estaño, durante este tiempo se obtuvo aquél con mayor o menor resultado, con mejor o peor calidad, mediante el tanteo de aditivos diversos.
El bronce más logrado, de características similares al estánnico, era el conseguido con arsénico, y tanto en Europa, como en Anatolia (hoy Turquía), o en las islas griegas es la clase de bronce generalizado durante el III milenio. Pero, natural o artificialmente añadido, el arsénico produjo efectos mortíferos, en su manipulación y con los gases exhalados a su paso por el horno, hasta ser sustituido por el estaño. No obstante, ambos, estánnico y arsenical, fueron utilizados simultáneamente durante la segunda mitad del -II milenio en Europa.

En comparación con Europa, los sumerios ya habían alcanzado hacia el año 3000 el culmen de la metalurgia de la Edad del Bronce. Sabían que el cobre se podía obtener tostando ciertos minerales, que se podía fundir y moldear, así como que se podía alear con estaño para producir el bronce, más duro y fusible. El equipamiento de los egipcios era similar, si bien no emplearon el bronce o los vehículos de ruedas hasta ser invadidos por los hicsos hacia el año -1750.

(Derecha, crisol para la fundición de bronce hallado en La Lora palentina)


Hammurabí, rey de Babilonia (-1728, -1686), se digna a describir en una carta el trabajo de los metales, lo cual indica la extraordinaria atención dedicada a la metalurgia. Y no trata de grandes operaciones militares para conquistar yacimientos, sino que entra en los pequeños detalles como, por ejemplo, que en las horneadas:


«...Hay que cortar 7.200 trozos de madera con un volumen de 1/3 a 1 litro y una longitud de 1 a 2 metros. No deberá cogerse madera seca sino verde. Además, hay que preocuparse de que los qurqurru [fundidores, palabra que vaya usted a saber cómo se pronunciaba, pues las vocales gráficas fueron una invención griega bastante tardía] no estén ociosos»


Por el mismo motivo, causa cierta ternura ver a todo un rey asirio, que se dice pronto, a Samshi-Adad I, ocuparse personalmente de recordar desde Mari (Mesopotamia) en una carta enviada expresamente al efecto, "aquel pedido" de «10.000 clavos gruesos de 48 g de peso cada uno». Una carta que constituye la primera mención escrita de la existencia de clavos de metal (bronce o cobre), aunque se sepa de su uso desde mucho tiempo atrás.


El motivo de que sean los reyes y no los sacerdotes, desde los talleres-escuela administrados desde el templo (ver De Palacios y Templos), quienes se ocupen de estos detalles es al menos triple:
a. Los templos y su personal surgieron en base a la agricultura, y la metalurgia les pilló con el paso cambiado (la metalurgia surge en pueblos montaraces, sin agricultura, es decir sin escritura o sin cultura escrita).
b. La guerra, el ejército, es el medio natural de adquirir, que dijo Aristóteles.
c. El metal tiene status sagrado; pero también la suerte está en manos de la diosa fortuna (tutelar, como se sabe de todos los reyes), que habla y expresa su voluntad mediante los dados.- aes se identifica con as en la raíz aunque tengan orígenes etimológicos diferentes ('aes-aeris', "metal – de metal"; y 'as-assus', "as – de as, o del as": nominativo-genitivo, ohlalá, las desdeñadas declinaciones latinas).
Pero las conmociones políticas han sacudido Oriente Próximo y Medio desde hace ocho milenios y hasta hoy. Así pues, la arqueología ha podido investigar los efectos sociales de la invención de la metalurgia gracias a las excavaciones realizadas en la mucho más retrasada Europa del Bronce. Y a lo largo y ancho de su territorio se ha podido constatar cómo los progresos técnicos en la calidad y cantidad del bronce iban siendo acompañados de transformaciones sociales que delataban cambios políticos...      Los asentamientos abandonaban la llanura para trasladarse a las elevaciones; las elevaciones se fortificaban; surgían ciudadelas en el interior de las fortificaciones. Los enterramientos homogéneos provistos de herramientas, abalorios y cerámicas humildes, y bajo suelo llano (imagen derecha), daban paso a lujosos enterramientos únicos provistos de armas costosas y joyas de oro bajo significados túmulos; las inhumaciones individuales, cada vez más abundantes, daban paso a las colectivas, y éstas a las incineraciones recogidas en urnas más sencillas o más lujosas, como si los camposantos se vieran desbordados por la proliferación de conflictos armados tras el paso del carro de bronce.







Hefestos/Vulcano, el dios herrero, fue hijo de Zeus y Hera (Júpiter y Juno). Resulta un dios excepcional, ya que es un dios cojo. Una historia explica este hecho diciendo que su madre, Hera/Juno, lo arrojó del Olimpo porque era muy débil de nacimiento. Otra leyenda cuenta que fue Zeus/Júpiter quien ya de mayorcito le tiró desde lo altísimo por haber apoyado a su madre en una de las frecuentes trifulcas de la pareja. En cualquier caso, el desventurado Hefestos quedó cojo al caer aquí abajo, en la isla griega de Lemnos, según señalamos en el mapa arriba, tras nueve días y nueve noches de descenso en picado (imagen izquierda, vaso ático con el retorno de Hefestos al Olimpo). El maestro Graves nos ofrece una lectura terrenal del mito:

«No se reconoce generalmente que todos los utensilios, herramientas y armas de la Edad de Bronce tenían propiedades mágicas y que el herrero era una especie de hechicero.
Así, de las tres personas de la tríada lunar Brigit (la triple diosa hiperbórea Brigit, patrona de todas las artes (imagen derecha), cristianizada posteriormente como Santa Brígida) una dirigía a los poetas, otra a los herreros y la tercera a los médicos. Cuando la diosa es destronada por el patriarcado, el herrero se eleva a deidad.
Que el dios herrero esté cojo es una tradición que se encuentra en regiones tan lejanas como el África Occidental y Escandinavia; en épocas primitivas pueden haber sido lisiados deliberadamente para impedir que huyeran y se unieran a las tribus enemigas» (Robert Graves: Los mitos griegos)

(Bajo estas líneas, bajorelieve con la confección del Escudo de Aquiles en el taller de Hefestos)







3 Progreso y Ostentación

«Las ciudades del otro lado del mar, en número de treinta y dos se unieron para la batalla, pero él  [Manistusu] salió vencedor, mató a sus príncipes y llevó esclavos hasta las minas de plata. Sacó piedras negras de las montañas de más allá del país Inferior [¿montañas de Omán?], las cargó sobre sus barcos y las amarró el en muelle del Agade. Modeló su estatua y la dedicó a Enlil. ¡Juro por Asmas y Aba que todo esto no son mentiras: es totalmente cierto!» (Estela de Manishtushu de Akad, h. 2200: Lara Peinado: Textos parala historia del Próximo Oriente Antiguo)
(Izquierda, Fantasy painting, de Wojtek Siudmak)
Con el bronce, por primera vez armas, herramientas y utensilios no tenían que ser tallados en los trozos de los cortes buenamente utilizables de rocas, árboles o huesos, con un gran porcentaje de desperdicio. Ahora las piezas podían ser moldeadas a voluntad en forma y tamaño. Los utensilios que se fabricaban de cobre o bronce no tenían un filo mejor que los utensilios de sílex, pero duraban más tiempo y se les podía dar la forma deseada.
Pero, sobre todo y ante todo, ocasionó un trastorno que transformó la vida humana en mayor medida aún que la aparición de la agricultura: el metal podía ser guardado, sin deterioro ni putrefacción, en lingotes de tamaño bastante reducido, fácilmente apilables, totalmente aprovechables y reutilizables, operaciones inviables con el ganado o con los cereales. Y constituía, sobre todo, un cómodo y práctico objeto de trueque para la obtención de éstos, o de lo que fuera.

Sin embargo, el broncista solamente es el último eslabón «en la cadena de los recursos humanos empleados en la metalurgia. Por delante han ido los prospectores del metal, los mineros, los transportistas por tierra o mar, los fundidores de lingotes, etc. La producción de bronce implica un complicado sistema económico que posibilita la consecución de riqueza, que promueve la diferenciación social, y que aboga por la comercialización de diversos productos a cambio de metal», según cuenta María Cruz Fernández (La Edad de los Metales).

También hay que decir que la difusión de estos materiales tan decisivos quizá hubiera tomado otro rumbo de no mediar esa coquetería que parece innata en todos los simios. Ya los no muy numerosos intercambios o trueques entre un grupo y otro en la Edad de la Piedra, eran siempre artículos de lujo; si no únicamente conchas o "adornos" parecidos, al menos eran cosas sin las que los hombres podían pasar fácilmente.
No debe pues extrañarnos el que…
«Parte no pequeña en la explosión económica y social que acarrea la producción de bronce se debe a la consolidación de dos rutas comerciales: la del estaño y la del ámbar. De la primera dependía virtualmente la continuidad de la rentable industria del bronce. De la ruta del ámbar dependía la provisión de este material traslúcido y amarillento, formado de resinas fósiles, extremadamente valiosas y apreciadas.
El ámbar iba destinado a la fabricación de collares, de cuentas con engarces de placas perforadas. Estas joyas acabarían en el sur de Inglaterra y en las tumbas de pozo de Micenas. La adquisición de ámbar se limita a su exclusivo lugar de origen en Europa: las orillas del mar Báltico (las costas de Letonia, de Lituania y la occidental de la península danesa de Jutlandia)» (María Cruz Fernández: La Edad de los Metales).


De la misma forma, es muy posible que la metalurgia del cobre, y con ella la decisiva del bronce, no hubieran quedado anuladas pero sí mucho más retrasadas si los minerales cupríferos no hubieran tenido esa llamativa coloración azulada, lo que los relacionaba con el  lapislázuli (imagen derecha), una codiciada piedra semipreciosa, pero de mayor valor que el oro para los egipcios, que disponían de mucha cantidad de éste. Aunque un poco extensa, veamos la interesante ilación de Paul Kriwaczek:

«La roca de color azul verdoso llamada lapislázuli era una gema muy estimada en la Antigüedad. Se utilizaba en sellos y joyas, en abalorios y pulseras, y en incrustaciones y decoración para esculturas. En la literatura sumeria las murallas de la ciudad se adornaban con esta piedra: «Ahora las murallas de Aratta son de verde lapislázuli, y sus muros y sus altísimos enladrillados son de un rojo luminoso»
Sin embargo, el lapislázuli es poco común; se obtiene sólo en algunos lugares de Asia Central, sobre todo en las montañas de Badakhshan, en el norte del actual Afganistán, a 2.500 kilómetros del sur de Mesopotamia (es tan preciado que hasta la Edad Media se entendía por zafiro lo que hoy llamamos lapislázuli)…

Considerando el precio del material y la dificultad para obtenerlo, las mentes creativas pronto se esforzaron para encontrar el modo de reproducir artificialmente ese lustroso color azul. Y lo lograron; al hacerlo, crearon el primer material totalmente fabricado por el hombre, no por azar o accidentalmente, sino pensando y experimentando…: en un taller detrás de la mezquita de Herat, en Afganistán, en los años sesenta aún se fabricaba lapislázuli artificial, al que erróneamente llaman "loza egipcia"…

Podemos suponer de dónde procede ese invento:
La malaquita verde y la azurita azul (minerales de cobre del grupo de los carbonatos) han sido utilizadas para crear pigmentos para la decoración de objetos artesanales, probablemente desde la Edad de Piedra.
También se usaron para decorar los rostros: mezclaban polvo triturado con grasa en una especie de pintura al óleo para crear una sombre de ojos decente. Si se mantiene una mezcla de estos minerales al fuego, brillará intensamente en azul verdoso mientras el calor expulsaba el color del mineral hacia la llama…

Darse cuenta de que la mezcla de minerales sometida a altas temperaturas junto a los objetos a recubrir (tras disponerlos en cámaras distintas a las del combustible para evitar manchas, tizón y mugre… lo que condujo por carambola a una organización del horno con la que se obtenían temperaturas mucho más elevadas) podía cambiar totalmente sus propiedades y crear un material totalmente nuevo que tendría consecuencias trascendentales: el revestimiento de un profundo azul verdoso, duro y reluciente; no tan fino como el auténtico lapislázuli, pero casi igual de bueno…
Ensayos diversos y continuados propiciarían descubrimientos como el vidrio y el cemento, y la fundición del cobre» (Paul Kriwaczek: Babilonia).

(Sobre estas líneas, Some where Better, de David LaChapelle; bajo ellas, Viaje de figuras fantasmagóricas, de Bruce Rolff)



4 Progreso y Violencia
«El metal extendió realmente el control del hombre sobre el medio externo, particularmente al procurarle instrumentos que no podían fabricarse con madera, hueso o piedra. La sierra es uno de esos instrumentos; y la sierra es esencial para fabricar ruedas. Tanto el torno del alfarero como el carro de ruedas hacen su aparición en el seno de sociedades de la Edad del Bronce» (Gordon Childe: La evolución social)

El progreso avanza arrastrado de una mano por la violencia y de la otra por la ostentación; el apelativo "Edad del Bronce" no deja de ser más bien simbólico, algo así como cuando se habla de los "países ricos" refiriéndose a todos los habitantes de los países ricos. ¿A qué hombre se refiere la cita que antecede al decir que "el metal extendió realmente el control del hombre sobre el medio externo"? ¿Quién fabricaba ruedas con sierra? Evidentemente el gobernante para sus ejércitos y sus campos y su casa.
En el muy civilizado y boyante Egipto, como ejemplo extrapolable, el uso del bronce fue introducido por mercenarios del Norte, y los faraones y los jefes militares egipcios protegieron su aristocrático torso en la guerra mediante cotas hechas con escamas de bronce o cobre. Sin embargo, los guerreros de a pie siempre lucharon casi desnudos, como muestra esta imagen derecha de soldados nubios, maqueta sepulcral del Museo del Cairo.

El cobre y el bronce eran tan caros y escasos que se dedicaban en exclusiva a la fabricación de armas y ornamentos. Y las herramientas de uso normal continuaron siendo de madera combinada con piedra hasta muchos siglos después del conocimiento del hierro.



«―"Estoy decidido a penetrar en el Bosque de los Cedros, / quiero fundar mi gloria; pero antes, amigo mío / quiero dar trabajo a los artesanos, / que forjen nuestras armas delante de nosotros" / Señalaron un lugar a los metalistas / los cuales fundieron poderosas azuelas / fundieron hachas de tres talentos cada una [unos 90kg], / fundieron también poderosas espadas, / puñales de dos talentos cada uno [unos 60kg], / y uno y otro tuvieron a su lado una lanza de treinta minas [unos 15kg]; / la empuñadura de oro de sus puñales pesaba treinta minas. / Gilgamesh y Enkidu llevaban cada uno / diez talentos en armas [unos 300kg]» (Poema de Gilgamesh, tablilla III)




Pero veamos la cara positiva del Bronce, que es la otra cara de la moneda del trabajo: la libertad, la siempre relativa, condicionada y acorralada libertad. Y en este aspecto, los forjadores prehistóricos del bronce son los primeros especialistas  de que se tiene noticia en la historia de la humanidad (en el plano terrenal, es decir, aparte de la actividad vinculada al ritual del altar).
Al igual que más tarde los herreros, aunque con mucha menor categoría social que éstos, los metalúrgicos del bronce son especialistas de plena y exclusiva dedicación; son, insistimos, los primeros autónomos a tiempo completo, junto con los marinos y tras los sacerdotes, a quienes precedieron las sacerdotisas; no cultivan ni recogen alimentos, sino que los obtienen a cambio de los productos de su propio trabajo; tampoco los mineros alcanzan esta categoría, pues aunque anteriormente habían existido, y seguirían existiendo después, mineros del pedernal, generalmente combinaban la minería con la agricultura y el pastoreo; son especialistas pero no tienen una dedicación ni plena ni exclusiva.









«Lavé mis armas en el Gran Mar y ofrecí sacrificios a los dioses. Recibí el tributo de los reyes de la costa, del país de las gentes de Tiro, de Sidón, de Biblos, de Mahallatu, de Maizu, de Kaizu, de Amurru y de la ciudad de Arad, que es (una isla) en el mar: plata, oro, estaño, bronce, un recipiente de bronce, vestidos de lino con bordados multicolores, un mono grande, un mono pequeño, ébano, marfil y de los nahiru, criaturas del mar» (Asur-Nasirpal II, h. -860)






Con la invención del bronce el mundo se trastocaría para siempre. Como dice Gordon Childe en La evolución social, «una comunidad de la Edad de la Piedra solía ser autosuficiente: En cuanto una sociedad necesita del cobre o del bronce para las armas y las herramientas, ya ha sacrificado su autosuficiencia y se encuentra obligada a depender del comercio para sus necesidades».
Este nuevo terremoto fue origen de gran parte de las desaforadas exploraciones en busca del escaso estaño, desde los peligrosos Balcanes hasta las remotas costas gallegas e inglesas, a partir de las fenicias. Tal seísmo recibiría el nombre de Edad del Bronce, siendo el señuelo de un enorme progreso en las técnicas de la navegación y en la popularización del alfabeto, así como de un importante avance en el "progreso" de la esclavitud, tanto para todas aquellas tribus que habían tenido la suerte de habitar en los lejanos territorios mineros, como para la forzosa mano de obra que, para custodiar tanta riqueza concentrada, levantaría todas aquellas urbes imperiales cuyas famosas ruinas hoy contemplamos maravillados:

«La presencia militar de Egipto en la geopolítica del Mediterráneo oriental a partir del Imperio Nuevo fue la necesidad de procurarse una materia prima tan imprescindible para construir armas poderosas entonces como lo es ahora el uranio, el mucho más humilde estaño. Se trata del metal que, aleado con el cobre, produce el duro y resistente bronce, con el que se fundían las armas que por entonces marcaban la diferencia» (José Miguel Parra: La Historia empieza en Egipto)






(Imagen derecha, superior, Rape of Africa (2), de David LaChapelle; izquierda inferior y cerrando esta entrada, dos Vladimir Kush)





«El comercio mundial de armas convencionales aumentó un 24% en los últimos cinco años, entre 2007 y 2011, respecto al lustro anterior, según un informe difundido por el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI).
Estados Unidos mantiene su hegemonía mundial como principal exportador, mientras que la India fue el país que más armamento compró en ese quinquenio, seguida por otros cuatro países asiáticos.
Los cinco mayores exportadores mundiales ―EEUU, Rusia, Alemania, Francia y Reino Unido― acapararon el 75% de las ventas totales en 2007-2011» (Agencia EFE, 19-marzo-2012: El comercio mundial de armas convencionales)


«Los altos precios alcanzados por algunas materias primas hacen que ni siquiera los cementerios se libren ya de los ladrones de metal. Después de convertirse en el azote de compañías de construcción, de energía y de telecomunicaciones, las mafias del cobre han osado ultrajar 118 tumbas de un cementerio de Bruselas para robar los objetos de metal que ornaban los mausoleos...» (Portal de los Profesionales de Seguridad)









«Entonces vino a mí la palabra de Jehovah, diciendo:

"Oh hijo de hombre, para Mí la casa de Israel se ha convertido en escoria. Todos ellos ―plata, cobre, estaño, hierro y plomo― se han convertido en escoria en medio del horno".

Por tanto, así ha dicho el Señor Jehovah:

"Ya que todos vosotros os habéis convertido en escoria, he aquí que por eso yo os junto en medio de Jerusalén. Como cuando se junta plata, cobre, hierro, plomo y estaño dentro del horno, y se sopla el fuego para fundirlos, Así os juntaré en mi furor y en mi ira. Allí os colocaré y os fundiré"» (Libro de Ezequiel, 22,17)




Sed buenos..., si podéis.
                                  Pero seremos mejores si no olvidamos que «La ignorancia es el infierno» (Amalric deBène)








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Esta aventura es una exploración de las venas vivas que parten del pasado y siguen regando para bien y para mal el cuerpo presente de esta sociedad occidental... además de una actividad de egoísmo constructivo: la mejor manera de aprender es enseñar... porque aprender vigoriza el cerebro... y porque ambas cosas ayudan a mantenerse en pie y recto. Todo es interesante. La vida, además de una tómbola, es una red que todo lo conecta. Cualquier nudo de la malla ayuda a comprender todo el conjunto. Desde luego, no pretende ser un archivo exhaustivo de cada tema, sólo de aquellos de sus aspectos más relevantes por su influencia en que seamos como somos y no de otra manera entre las infinitas posibles. (En un comentario al blog "Mujeres de Roma" expresé la satisfacción de encontrar, casi por azar, un rincón donde se respiraba el oxígeno del interés por nuestros antecedentes. Dedico este blog a todos sus participantes en general y a Isabel Barceló en particular).